18 marzo 2008

Transporte urbano

Tiempo atrás en los tablones de 1 y 57 cuando todos le cantábamos a Alak y lo mandábamos a la puta que lo parió, Bruera usaba la voz del estadio para hacer su contracampaña al SUT. Contaba el cuento de una mujer a la que todos buscaban porque había subido a uno de los bondis de colores y nunca había aparecido. Era una publicidad graciosa. Pero la gracia está en que en el colectivo no te perdés, porque a ciertas horas es difícil conseguir subirse a uno.

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-¿Cuánto hace que esperas?

-Quince, veinte minutos…

-¿Pasó alguna “D”?

-¿De que línea?

-Del 7.

-No se. Pasaron dos siete pero, la verdad, ni me fije.

-¿Vos que esperas?

-El Sur. El diecinueve o el veinte.

-Por lo menos tenés un par de opciones… ¿Pero pasan hoy domingo a esta hora?

Miró la muñeca: el reloj marcaba las once y moneditas de la noche.

-No se… ¿Cortan los domingos?

-Y… el Sur es como el Siete. A veces pasa y a veces… pasa cuando quiere. La otra vez, un domingo, estuve hasta la una y veinte esperando. Y no pasó.

Media hora más tarde los pasajeros subieron al primer Sur 19 que paró en la garita de calle 50, frente a la Plaza Moreno.

Problemas técnicos

Nada mejor que ver una película en su idioma original. Mucho mejor aún si el espectador entiende algo de ese idioma y puede obviar leer alguno de los subtítulos. Pero el japonés es un idioma muy difícil.

La película del Freak Show empezó un poco tarde. En la sala del polivalente del Dardo Rocha se proyectaba Tekkon Kinkurito, presentado como el último gran filme de animé, esos dibujos japoneses que en la isla del sol naciente van por TV en horario central.

La historia arrancó bien: Negro y Blanco son dos chicos de la calle que sobreviven gracias al pungueo y que de pronto deben enfrentar la mafia de los yakuza que se instalan para abrirle el camino a un vil constructor que destruirá la Ciudad Tesoro. El policía corrupto es apenas un espectador. Negro es el peor enemigo de los malos: no quiere que le quiten su ciudad. Por su puesto Negro y Blanco vuelan, pelean y escalan edificios como spiderman. Una historia atrapante; buenos dibujos (nada de ojos redondos y grandes) y sonido original en idioma nipón.

No habían transcurrido la mitad de los 110 minutos de película cuando algo comenzó a fallar: las líneas de subtitulado se desfasaban y hablaban de cosas que no sucedían en la pantalla, que no sucedían en el audio. El desconcierto apareció en la sala con un murmullo in crescendo. De pronto las luces y el anuncio: tenemos problemas técnicos que no podemos resolver. Les devolvemos la entrada y los esperamos el lunes que viene. ¡Si al menos los personajes hablaran en inglés! El japonés es un idioma muy difícil.


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