10 julio 2008

Mystica Natural

Un nuevo espacio platense para los amantes del movimiento reggae
La disquería-bar busca cobijar la movida jamaiquina local

MARLEY. “No estamos en contra de Bob,
pero hay discos nuevos que son de lo mejor
del reggae”, dicen en el bar.

Pablo Roesler
Tarde o temprano la movida reggae iba a generar sus propios espacios en la ciudad. Y así, el fin de semana pasado abrió las puertas el primer bar temático en La Plata. Si los cultores de la música jamaiquina buscaban su Zion, su tierra prometida, quizá la encuentren a pasos de la Plaza Moreno.
Tribus urbanas o movidas alternativas, como quiera que se las llame, la difusión de la música reggae generó un nuevo grupo de personas en las distintas ciudades del país que, de a poco, fue generando sus propios espacios. Así lo vieron y comprendieron el periodista Luciano Aguirre, el DJ Luís Zerillo y Matías Verde Tello, uno de los primeros cultores de la movida en la ciudad. Los tres jóvenes platenses inauguraron el viernes Mystica Natural, en 50 entre 11 y 12, y prometen hacer del lugar un espacio de encuentro con la cultura general y, particularmente, la música jamaiquina.
"Yo no creo que se trate de una moda, porque el reggae fue, es y seguirá siendo un estilo alternativo. Y hay mucha gente que se está acercando, porque dentro de lo alternativo es de lo más popular", explicó Aguirre a Diagonales.
Según el periodista y conductor de un programa de radio especializado en el estilo musical, "existen otras movidas alternativas que la juventud está tomando, y entre ellas, está logicamente el reggae".
"Lo que pasa es que el auge responde a que Internet ha ayudado a la difusión y a abrir la cabeza al reggae, a poder mirar más allá del rock", aclaró.
El bar y disquería Mystica Natural tuvo su primer origen en febrero pasado, cuando Tello inauguró un local de venta de CD´s (con el mismo nombre) en 6 entre 54 y 55. Muy poco tiempo pasó para que Aguirre llegara a invitarlo para difundir su música en el programa Pisando Nubes, que se emite por Radio Universidad. Poco antes, o segundos después, llegó a ese nuevo rincón reggae Luis Zerillo, quizá uno de los más reconocidos Dj´s de música electrónica de La Plata.
"Los tres teníamos ganas de hacer algo y nos encontramos casi de casualidad", dijo Aguirre, y reflexionó: "en realidad, no de casualidad. Matías está en la movida desde hace muchos años, Luís tiene un gusto por el reggae cercano a lo coleccionista, y yo hace 10 años que estoy en esto y desde hace tres tengo el programa".

TRIBUS. El imaginario colectivo creó la figura del público de música reggae como la de un joven fumador de marihuana, con trenzas dredlock en la cabeza y seguidor de una religión que santifica a un antiguo emperador Etíope. Sin embargo, no todo parece ser tan estructurado.
"Todo eso es parte del imaginario y también de la gente que está en la movida", negoció ante Diagonales, Luciano Aguirre.
"No necesariamente tenés que tener rastas, ni ser rastafari, ni tenés que fumar porro para estar en la movida. Claro que son cosas que se cultivan dentro, pero es como ceñir a una campera, un pantalón de cuero y a unas tachas al heavy metal. Eso quiere decir que no entendí nada", disparó.
Para los creadores de Mystica Natural, el mercado estigmatiza para vender, "y eso es lo que hace que la gente piense que el reggae es fumar marihuana".
Podría decirse que el nuevo lugar de encuentro de los cultores de la música jamaiquina nace como una pantalla local de la cultura reggae.

ESPACIO CULTURAL. "La idea es que el local se transforme en un centro neurálgico del reggae en La Plata", explicó Aguirre.
La tribu urbana existe y su relativa masividad se ve en los recitales: "en el último de Negusa Negast y Resistencia Suburbana fueron más de 1.200 personas", detalló el joven, y aclaró: "La Plata está en condiciones de hacer un festival de reggae solamente con bandas locales".
Aseguró que hay entre 20 y 25 bandas del género sonando en la escena de la ciudad y alrededores.
"Hoy es un momento muy bueno de la movida reggae, y creo que nosotros entendimos eso", argumentó.
Según contó, si bien el gurpo está contento por abrir el lugar y que se genere esta movida, “hay muchas opciones alternativas, además del reggae, y estaría bueno que generen sus propios espacios".
Por eso, "la idea es traer gente que exponga arte, de todo tipo, es decir, generar movidas culturales, y que toda la gente del palo pueda venir a pasar discos", sintetizó el periodista.

MOVIDA. Aguirre explicó que el movimiento reggae de La Plata surgió en paralelo con la del resto del país, que empezó a desarrollarse a medidados de la década del ‘90, con el surgimiento de las bandas Negusa Negast, Harambé y Xiola Blue.
“Con el nuevo milenio empiezan a aparecer más bandas con distintos estilos jamaiquinos”, resumió.
Ska, roksteady, reggae, dub y dancehall, son los etilos de música jamaiquina, ordenados cronológicamente desde su surgimiento en 1963. Es una cultura joven, por lo que los que aman esa música pueden ver a sus creadores vivos y tocando en las mismas bandas con las que crearon un estilo.
Algo de todo lo que sonó y suena en la escena de la música jamaiquina se puede encontrar en ese pequeño bar con sus paredes pintadas de amarillo, verde y rojo, de las que cuelgan las figuras de varios “próceres”, y no sólo la foto de Bob Marley.

Sound system & Disc Jokeys
La primera difusión del reggae en su Jamaica natal surgió en los Sound System: eventos populares promovidos por unos pocos que podían comprar discos y tenían en qué reproducirlos. “Por la simple necesidad de escuchar música, la gente sin un mango se juntaba, en los primeros años de la década del ‘60, alrededor de esos parlantes”, explicó Luciano Aguirre.
En esos eventos nacieron los disc jokeys, término cuya traducción al castellano es jinetes de discos. Estos cantaban o tocaban, es decir, se montaban sobre la música de la pista. De allí su nombre.
Otro término nacido en esas reuniones de baile jamaiquino es el MC: maestro de ceremonia (master of ceremony, en inglés).
“Si logramos, aunque sea, un 10 por ciento de todo eso, es más que suficiente”, admite Aguirre, uno de los fundadores de Mystica Natural.

04 julio 2008

Llevan tilde

Muy preocupado por aprender estaba cuando era un alumno en sus primeros años de escuela. En esas primeras cursadas en las que los maestros enseñan las letras a los niños siguiendo reglas estrictas, para él, dónde escribir el acento era motivo de elucubraciones incesantes. Largas horas frente a los apuntes anotados con letras redonditas (copiadas con los más denodados esfuerzos de la caligrafía de pizarrón de la maestra), en cuadernos de tapa dura.
Las agudas terminadas en ene, ese o vocal: llevan. Las graves que NO terminan en ene, ese o vocal: también llevan. Las esdrújulas: llevan todas.
Ah, los diptongos. Malditos tramposos.
Pero el pibe, aplicado al fin y al cabo, se aprendió todas y cada una de las reglas. Las incorporó muy bien, a puro esfuerzo y concentración.
Hacia el fin de año levantó la cabeza de sus apuntes y, desde uno de los cotizados pupitres del fondo del aula, le comunicó a su maestra que escribía en el pizarrón y marcaba los acentos con tizazos que parecían gruesos rebotes de balas: “ya se cuál lleva acento y cual no”.
A la maestra no le importó mucho. Sonrió, dijo “muy bien” a la pasada. Y siguió con la clase.
El que si le contestó fue un compañero. Uno repitente. Uno de los que se sentaban contra la ventana, bien al fondo, y escuchaban con aburrimiento las mismas cosas que el año anterior: “Todas tienen acento, maestro. Lo que llevan o no, es tilde”.
Lapidario.

Lo anterior surgió a propósito del siguiente texto que Miguel Russo publicó en el diario Diagonales:


¿Y el acento?

En la vida cotidiana, así, a simple vista, parece una porquería, una manchita intrascendente, una cagadita de pájaro sobre una vocal, cosa de nada. En el teclado de la computadora nueva hay que andar adivinando en cuál de las teclas raras (esas que tienen signitos estrafalarios como techitos o corchetes o guiones para abajo de donde van los guiones) se pueden hacer presentes. En el colegio, siempre es motivo de discordia: por si está o por si no está. Los profesores y los maestros insisten con eso de que a veces se pone y que a veces no se pone pero, dicen haciendo así con el dedito, suena igual. Igual, ¿entendió, alumno?
También dicen algunos que, cuando se escribe enfatizando, todo en mayúsculas, no se ponen. Que se dan por sobreentendidos, dicen. Pero en un país que desconoce los sobreentendidos (y que además es propenso a hablar enfatizando, con mayúsculas), la cuestión se complica. Por ejemplo, en el insólito cartelito con el que varios colectiveros visten la parte posterior del colectivo (esa culata que es como una pared inmensa contra la cual se derrumban los sueños y los frentes de los automovilistas). Hay uno, fundamentalmente, redondito, fondo blanco, letras negras (mayúsuculas, claro), que anuncia SI TOMO ALCOHOL NO CONDUZCA. Es decir, el automovilista de atrás ve el cartel, no ve el acento y traduce a la minúscula: Si tomo alcohol no conduzca. La palabra “tomo”, piensa el tipo, un poco nervioso, responde a la primera persona del singular yo. Y “yo” es el colectivero. Ergo (y a esta altura, los nervios se le transforman en terror): si el chofer se mama, mejor no salgo a la calle.
Sigue pensando (aterrorizado) el tipo: Si leo CIRCULE POR LA DERECHA, ¿quiere decir que alguien olvidó el acento y hay uno que ya pasó por ahí, diciendo Circulé por la derecha? Se hace un nudo el tipo. Tiembla todavía al bajar del auto, que dejó tirado en cualquier lado.
Un desastre los acentos. Pa’ quilombo.

01 julio 2008

Del patrullero al taxi

-¿Dónde vamos?
-A Los Hornos. A 137 y 61. En la cuadra de la comisaría.
El taxi arrancó por diagonal 74. El chofer manejó callado, ni siquiera mencionó el frío que hacía ese día. Y hacía frío esa tarde.
-¿La comisaría de Los Hornos es donde mataron al pibe en el patrullero? -preguntó Esteban, mientras acomodaba el cuerpo en el asiento trasero del coche.
-Sí, a Darián Barzabal.
-No sabés lo que me pasó... El otro día me tomé un taxi y me puse a hablar con el tachero de cualquier pavada y en un momento me dijo: "yo, en realidad, soy policía, pero ahora trabajo de esto porque estoy suspendido".
-¿Por qué? ¿Le preguntaste?
-Sí, por su puesto. Me dijo que él manejaba el patrullero cuando le pegaron el tiro en la cabeza al pibe.
-¿Qué?
Esteban rió. Hacía gestos. Él tampoco podía creer lo que había escuchado unos días antes cuando, con su cámara, hacía una recorrida arriba de un taxi.
-Me contó todo. Me dijo que él iba manejando y que su compañero lo iba fajando al pibe. Que como se dio cuenta que le estaba pegando mucho estiró la mano para que afloje un poco y ahí escuchó el tiro. Se asustó, dijo, y vio todo lleno de sangre.
-No te puedo creer...
-¡Es verdad! Hice un viaje largo con el tipo, a varios lugares, y me contó todo. Decía que su compañero le decía "se me escapó, se me escapó". Me contó que se asustaron y que le pidieron ayuda al jefe.
-Me dijo que ahora está esperando el juicio, pero que lo de él es excarcelable, porque nada más mintió en la declaración, pero dijo que después la cambió. Lo que sí me dijo es que su compañero y el jefe están hasta las manos.
Cuando bajamos del taxi en 137 y 60, un patrullero con las luces de la sirena encendidas cortaba la avenida. En la esquina de la comisaría de Los Hornos cuatro hogueras de cubiertas y ramas ardían cortando el tránsito. Un grupo de gente pedía Justicia por otro chico.