16 junio 2011

Sin humo

Las mesas sin ceniceros

Rubén Pereyra, mozo del bar El Parlamento (Foto: A.Direnzo).
Imagine lector la siguiente escena: El tipo, una persona ya mayor, entra al bar frente a la plaza y su cuerpo, doblado por el frío de la calle, se yergue un poco, lo suficiente como para escudriñar con la vista entre las mesas y distinguir en la que se sentará esa mañana. Elige una al azar, por costumbre, por cómo entra el sol por la ventana, porque dejaron olvidado un diario, o porque es la que tiene más cerca. Se sienta, pide un café, deja el atado sobre la fórmica y acerca el cenicero. Saca uno y lo enciende. Pita profundo, disfruta el sabor de esa primera bocanada del día y exhala el humo tranquilo. Calmado, el tipo empieza a planificar cómo será su día.
Imagine el lector que eso ocurre durante cuarenta años, día tras día, semana a semana. Represéntese lo que pudo haber ocurrido ayer en el espíritu de ese señor que, después de cuatro décadas de rutina férrea, llegó al bar El Parlamento, de 7 y 51, y se encontró con que habían retirado los ceniceros de lata de las mesas y que la prohibición de fumar dispuesta por la Ley se cumplía firmemente en su primer día de vigencia.
“La Ley tiene aceptación entre los clientes. Hoy sacamos los ceniceros de circulación”, comenta el mozo del histórico bar ubicado frente a la plaza San Martín, Rubén Adrián Pereyra.
Acodado en la barra al fondo del bar y sin correr la vista del salón con sus mesas alineadas, explicó que los clientes se adaptaron: “El que está mucho tiempo sale a fumar a la puerta”.
“Tenemos clientes de 40 años, que siguen siendo fumadores y siguen viniendo. Lo aceptan, porque como es general, no se van a ir a otro bar que los deje fumar. Y nos siguen eligiendo”, remató, antes de acomodarse el uniforme bordó para la foto.
Cruzando la plaza y caminando unas cuadras hacia el bosque, otro bar eliminó los ceniceros de entre sus utensilios. Hasta el martes los habitués de Hispano, en 4 y 51, se acercaban a la barra, estiraban el brazo y se llevaban un cenicero a la mesa. Pero ayer, varios dedos hicieron sorprendidos malabares en el aire.
“Le pregunté al dueño y me dijo que sacáramos los ceniceros. Los que son clientes de todos los días, que venían y agarraban ellos mismos los ceniceros sin pedir permiso, hoy me preguntaban qué había pasado”, sonrió Cristian.
Ni bien entró en vigencia la Ley Antitabaco en Hispano sacaron los ceniceros. Y como para que la jornada no quedara en el olvido, el encargado recordó alguna que otra complicación: “Con unos abogados que son clientes se me complicó, porque me decían que ellos conocían la Ley y que todavía no estaba reglamentada. Pero por el otro lado, el dueño me dijo que saque los ceniceros”. Primó la intransigencia.
En La Modelo los ceniceros volaron de las mesas en diciembre pasado. “Cambiaron las costumbres”, reflexionan Julián y Hugo, mientras controlan de reojo el salón de ese histórico bar de 5 y 54.
“Los clientes cambiaron: para fumar se levantan de la mesa, se van afuera y vuelven a entrar. Y en verano se toman el café en una mesa de la vereda”, razonan.
Similar es la situación en el café Oliverio, de 5 y 53: “Hace mucho que no se puede fumar acá. Yo empecé a trabajar hace tres meses y ya no se podía. Nosotros no tenemos ceniceros”, explicó Lucio un poco sorprendido, desde su puesto de encargado de la caja.
La ausencia de ceniceros fue pareja en todos los bares que recorrió Diagonales ayer, y la situación se multiplicó en cada uno de los cafés, pubs, mesones, cantinas, cervecerías y tabernas que pueblan La Plata.


“La mentira es un verdadero talento. Para inventar una buena historia, una persona tiene que saber apretar todos los botones adecuados”. (De la película Smoke [Cigarros], de 1995 con guión de Paul Auster).

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